Paseabas descalza
por una orilla cercana
al murmullo cristalino
de las cálidas aguas
que bañan mi alma.
Y cada mañana
los bolsillos del destino
estaban vacíos
Con la felicidad controlada
Hasta que llegaron tus ojos,
y surgió de la nada
el deseo de seguirlos
hasta el alba.